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¿Qué papel juegan las emociones ante un diagnóstico médico?

En los momentos retadores es cuando más se pone en evidencia nuestro trabajo interno y todo lo que hemos invertido en nuestra salud mental

Gozar de una buena salud es algo que muchas personas dan por sentado, pero cuando nos falla la salud nuestra vida se paraliza y se pone de cabeza

Esta columna es parte de nuestra serie #WellWednesday donde distintos expertos comparten información, experiencias y sus filosofías de bienestar

Tiempo de lectura: 8 minutos

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Claudia Miraglia es terapeuta profesional de evolución y cambio con más de 25 años de experiencia, creadora del Método COR y especializada en terapia cráneo-sacral, terapia Gestalt, Kundalini yoga y otras áreas de la meditación. El trabajo de Claudia está enfocado a ayudar a personas a manejar distintas crisis, en la búsqueda de crecimiento personal, espiritual y en el bienestar mental, a través del fortalecimiento del poder que hay en cada uno para curarse

Al sentirnos mal lo usual es que acudamos al médico, este profesional nos examine y nos recomiende una determinada batería de análisis y estudios para poder llegar a un diagnóstico certero sobre la enfermedad o condición que estamos padeciendo. Te has preguntado, sin embargo, ¿Qué impacto sobre nuestra salud mental puede tener un diagnóstico inesperado?

En algún momento todos hemos contraído o padecido alguna enfermedad o condición que haya deteriorado en menor o mayor grado nuestra salud. Las enfermedades son parte de la experiencia humana, muchas veces son reflejo de nuestros estados internos y de cómo hemos venido manejando nuestras emociones.

Las emociones juegan un papel fundamental en el mantenimiento de la salud. Cada pensamiento y emoción con la que nos quedamos atascados posee el suficiente poder, energía y fuerza para influenciar cómo será nuestro futuro.

El impacto de una enfermedad suele ser medido en términos económicos: costos de las medicinas, análisis necesarios para el diagnóstico, magnitud del tratamiento, si se requiere o no alguna intervención quirúrgica… Poco se toma en cuenta el impacto psicológico que un diagnóstico inesperado puede tener sobre un paciente.

 

Detrás las enfermedades

“La espera de mi diagnóstico fue un momento de tensión y preocupación intensa cargada de muchas expectativas. Malos pensamientos predominaban en mi cabeza, el overthinking me generaba sudoración y temblor en las manos, mucha sed y ganas de conocer lo que pasaría en minutos. El dolor se incrementaba minuto a minuto y yo solo me encomendaba para que, fuese cual fuese el resultado, consiguiera a un grupo de médicos que me pudiesen ayudar a tiempo”. 

Un diagnóstico inesperado puede hacer que la persona que comienza a padecerlo se sienta rebasado y entre un estado de parálisis. Considero que debemos ver las enfermedades como algo más que una relación única entre causa y efecto, como una realidad compuesta por aspectos psicológicos, emocionales y sociales que están sumamente relacionados entre sí que influyen en la aparición, manifestación y desarrollo de los síntomas

Como terapeuta con más de 30 años en consulta, he podido ser testigo de cómo una enfermedad nos va dejando las “migas de Hansel y Gretel” sobre la condición emocional del paciente al momento de contraer una condición de salud. Es muy probable que detrás de cada síntoma haya una emoción ligada a éstos.

Te pregunto: al recibir un diagnóstico qué es lo que más te preocupa: ¿miedo a lo desconocido? ¿Al dolor? ¿A la posibilidad de enfrentarte a una enfermedad incurable?  ¿Miedo a la destrucción del cuerpo, la pérdida de la autonomía y enfrentar a la muerte?

Hay una relación directa entre las emociones que experimentamos, los órganos de nuestro cuerpo y los primeros síntomas que se manifiestan ante la llegada de una enfermedad. Esa computadora tan compleja y misteriosa, como también maravillosa, que es nuestro cerebro tiene la capacidad de entretejer puentes y caminos para que exista una relación entre pensamiento y cuerpo, entre emoción y síntoma.

Un pensamiento negativo o una emoción que calibre bajo en la escala de emociones, que mantengamos por tan solo un minuto, tiene el poder para debilitar nuestro sistema inmune y ponerlo en riesgo por al menos cinco horas. Imagina el gran impacto que pueden llegar a tener si los sostenemos en el tiempo: estaremos completamente predispuestos a contraer enfermedades, ya que un sistema inmune debilitado no puede trabajar a plenitud.

Una emoción baja que no sea procesada de forma saludable tiene el poder para destruirnos, mientras que aquellas emociones que calibren alto tienen la capacidad de curarnos y llevarnos a la plenitud.

Recibir un diagnóstico inesperado puede ser un golpe considerable para la salud mental de cualquier persona, por esto es importante recibir apoyo en estas circunstancias. La familia, un terapeuta y nuestro círculo íntimo juegan un papel fundamental en el reto que puede significar afrontar una condición de salud. 

 

El apoyo emocional 

“Tanto mi terapeuta como mi familia han sido mis rocas en este camino de enfermedad crónica que me ha tocado transitar. Ir a terapia me ha permitido abrir un espacio seguro para manejar mis emociones ante mi enfermedad y comenzar a sanar esa parte de mí, en aras de sanar también mi cuerpo”. 

No tenemos porqué vivir un diagnóstico desde la soledad. Una buena conciencia familiar de apoyo, junto a asistencia profesional, puede ayudar al paciente a enrumbarse hacia el camino de la evolución y la sanación.

Esta es una invitación a trabajar en nuestras emociones, a procesarlas, aceptarlas y fluir con ellas, pues -al ser reacciones psicofisiológicas que experimentamos a diario- tienen el poder de desatar o prevenir una enfermedad. Construyamos juntos salud mental, como adultos somos los únicos responsables de satisfacer nuestras necesidades emocionales: ¡Hagamos esto consciente!

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